Mercados agroalimentarios: volatilidad, márgenes y desigualdad

Tras un largo periodo de relativa estabilidad, desde 2007 los mercados agrarios -más globales y más liberalizados- están sufriendo fuertes tensiones entre oferta y demanda, que han disparado la volatilidad de forma muy acusada con una tendencia de precios marcadamente creciente. Precios alimentarios altos e inestables es dinamita en la estabilidad económica, social y política, razón por la cual la volatilidad de los precios agrarios se ha situado en el centro de la atención de las organizaciones políticas y económicas internacionales. En sentido positivo la misma preocupación ha propiciado la búsqueda de soluciones.

Pero no todo es volatilidad, tras los desajustes de los mercados camina otro fantasma, más o menos oculto, negado o disimulado: el fantasma de la desigualdad. Hablemos de ello.

Volatilidad de los mercados agrarios

La volatilidad es sinónimo de variabilidad pero también de incertidumbre y a menudo también como causa de precariedad económica e inseguridad alimentaria. Sin embargo la volatilidad es implícita en los mercados agroalimentarios.

Los mercados agroalimentarios tienen una demanda inelástica, es decir que pequeñas modificaciones de oferta conllevan una modificación proporcionalmente mayor de los precios, fenómeno que ha sido descrito teóricamente como la Ley de King. La razón proviene del hecho de que los alimentos son un producto básico, un producto de primera necesidad al que nadie está dispuesto a renunciar. Ante, por ejemplo, una reducción de oferta suben los precios induciendo a la retirada de una parte de los demandantes; en el caso de los alimentos, los demandantes se resisten a abandonar su posición y están dispuestos a aceptar precios mucho más altos antes que renunciar a obtener el abastecimiento.

A su vez los mercados agrarios tienen, a menudo, una oferta errática. Las causas de esta erraticidad son múltiples y vinculadas a las peculiaridades de la producción agraria:

  • Se trata de un producto perecedero en mayor o menor grado que cuenta con un periodo de comercialización limitado y ante un exceso de oferta en muchos casos no existe otra herramienta para dar salida a la producción que la modificación del precio a la baja.
  • La agricultura está especialmente sometida a riesgos climáticos, a pesar de los progresos tecnológicos el clima todavía es un factor determinante sobre los resultados de la cosecha.
  • Los riesgos sanitarios son otro factor de incertidumbre. Se han hecho progresos evidentes, sin embargo las plagas y las enfermedades vegetales o animales son a menudo protagonistas de grandes pérdidas productivas y de distorsiones consecuentes en los precios y las rentas campesinas.
  • Asimismo, el ciclo productivo tiene en muchos casos un marcado carácter estacional con grandes variaciones de oferta a lo largo del año. En la agricultura y ganadería, en muchos casos, existe un gran retraso entre la decisión de producir y el producto en el mercado, de tal manera que a menudo se reacciona según el modelo de Cobweb, es decir que las decisiones de producción se toman en función de los precios de hoy sin plantearse que el oferta resultante llegará al mercado en unas condiciones de oferta y demanda probablemente diferentes. Este efecto ha sido representado por el llamado teorema de la telaraña.

Y, sin duda, aspectos coyunturales diversos, incluso de carácter geopolítico pueden modificar los equilibrios oferta-demanda alimentaria. En resumen, una demanda inelástica, que reacciona de forma aguda ante cualquier modificación de oferta, junto con una oferta errática por muchas razones, forman una pareja con una alta capacidad desestabilizadora

Nuevo escenario siglo XXI

Este siglo ha nacido con nuevos retos resultantes en buena parte de los excesos producidos en los siglos inmediatamente anteriores (energía, cambio climático, equilibrios medioambientales) y otros que responden a dinámicas actuales de crecimiento tales como el aumento sostenido de la población mundial y, sobre todo, el desarrollo de nuevos e importantes países (China, India, Sudeste Asiático, Rusia, Brasil, etc.) que incrementan sus demandas alimentarias con unas dietas mucho más proteínicas. Como resultado tanto los mercados alimentarios como los energéticos, cada vez más relacionados por la posibilidad real de obtener combustibles a partir de los cultivos agrícolas, generan tensiones que conllevan tendencias a incrementos tanto de los productos agrarios como de los inputs necesarios para producirlos.

Aunque una situación como la descrita requiere unas políticas más coordinadas, prudentes y orientadas a relajar y moderar unos mercados que son cada vez más tensos, la Unión Europea ha vivido las dos últimas décadas una fuerte ola neoliberal que ha comportado con respecto a las políticas agrarias la reducción de las herramientas de regulación de mercados, la reducción de las ayudas y unos mercados más abiertos a la competencia internacional. Es decir, más desregulación en unos mercados globales, desregulación que possibilita la irrupción de fondos especulativos altamente desestabilizadores tal como se comenta más adelante. La figura 2 señala aquellos vectores más relevantes que inciden en los desequilibrios oferta-demanda.

Concentración y asimetrías

La volatilidad en precios de un activo económico va asociado a un mayor riesgo. En general, para invertir en activos de riesgo los agentes económicos exigen de modo lógico una mayor rentabilidad. Ahora bien, en el sector agrario a menudo coincide un riesgo elevado con unas rentabilidades bajas, algo que es un factor de tensión y crisis que puede conllevar el abandono de la actividad. Este contrasentido, más allá de fenómenos coyunturales, puede tener diversas causas estructurales que confluyen en un entorno complejo tensando desde diferentes puntos la dinámica de la producción de alimentos.

Los operadores en los mercados alimentarios globales han alcanzado un grado tal de concentración que están desfigurando el mismo concepto liberal de libre mercado. En “The Oxfort Farming Conference” se expusieron los datos de concentración de algunos mercados relacionados con la agroalimentación.

CONCEPTO Nº COMPAÑIAS CONTROL MUNDIAL
COMERCIO DE GRANO 5 75-90 %
COMERCIO MINORISTA 10 40 %
OFERTA FERTILIZANTES 7 Casi 100 %
MERCADO AGROQUÍMICOS 5 68 %
MERCADO SEMILLA CERTIFICADA 3 50 %

Tabla 1 Grado de concentración de algunos mercados relacionados con la agroalimentación. Fuente: The Oxfort Farming Conference.

Se observa, por tanto, un nuevo factor de desequilibrio vinculado a la distinta capacidad de negociación entre los productores de inputs (fertilizantes, semillas, etc.) i los compradores de estos (agricultores).

Pero, a su vez, ello conlleva en la cadena alimentaria una estructura claramente asimétrica. Se trata de una estructura piramidal con una realidad muy concentrada en la distribución con rasgos claramente oligopolísticos, un sector transformador con unos grados de concentración menores y con un sector productor muy disgregado. Como resultado la capacidad de negociación de los productores en relación a transformadores y, sobre todo, distribuidores es muy baja, lo que en una situación de crisis se visualiza mucho más.

Alternativas a la volatilidad

Ante la inestabilidad aguda de precios agroalimentarios, desde los más altos niveles de coordinación internacional, el G-20, propone cinco  objetivos clave a partir del asesoramiento de las  más importantes organizaciones internacionales relacionadas con el tema [1].:

  1. Mejora de la transparencia y la información de los mercados[2].
  2. Mejora en la coordinación internacional para mejorar la confianza los mercados.
  3. Desarrollo de la producción agraria.
  4. Desarrollo de las herramientas de gestión de riesgo.
  5. Mejora en la organización de los mercados agrarios.

Observamos que con estos objetivos se dan pasos importantes hacia aspectos hasta ahora poco tenidos en cuenta:

    • La conciencia de que el problema es global, los mercados son globales y las verdaderas soluciones deberán nacer de la coordinación global.
    • Que no nos encontramos en un simple problema de volatilidad sino también de tensión estructural de los mercados. En este sentido alcanzan importancia las propuestas dirigidas a desarrollar la producción agraria, algo que debería traducirse en más regadío, más tecnología y, en general, más autoabastecimiento.
  • Que hay que mejorar la organización de los mercados agrarios, hacerlos más eficientes, más ágiles y, sin duda, evitar distorsiones artificiales, por lo que pasa a primer plano la necesidad de regular los mercados de futuros.

Los mercados de futuros como actores y como víctimas

Los mercados de futuros nacieron en Chicago en 1848 para estabilizar los mercados de cereales y dar seguridad a los agricultores. Esta es la función de un mercado de futuros sobre productos agrarios. Supone la compra de, por ejemplo, trigo al agricultor cuando éste todavía no ha hecho la cosecha, con el compromiso de entregar a un determinado vencimiento futuro. El agricultor acepta un precio algo más reducido sobre los valores medios esperados, pero tiene la seguridad de obtener este precio. Por su parte, el comprador obtiene hipotéticamente un mejor precio en relación con los valores medios esperados, aunque asumiendo el riesgo de que en el vencimiento el precio sea distinto del calculado. Se trata de una relación contractual que beneficia teóricamente a las dos partes: en un extremo de la relación existe el agricultor; al otro, por ejemplo, una fábrica de harina.

Pero el comprador tiene un activo que puede vender a un tercero, y aquí es donde entran la especulación y los especuladores. En este caso, la mercancía trigo es irrelevante. Simplemente, se trata de obtener un beneficio comprando y vendiendo un contrato, un papel con un valor asociado. Así, en este mercado confluyen dos tipos de operadores, los comerciales (agricultor y fábrica de harina) y los financieros. Los intereses de estos dos tipos de operadores son radicalmente diferentes. Los primeros buscan la seguridad y desean la estabilidad. En cambio, las hipotéticas ganancias de los segundos nacen de la volatilidad de los mercados; dicho en otras palabras, su beneficio posible nace de la inestabilidad.

Un ejemplo especialmente ilustrativo es el de la burbuja especulativa sobre el trigo en julio 2010. Efectivamente, Rusia sufrió una sequía nunca vista y el mercado del trigo quedó afectado por la consiguiente pérdida de la cosecha. La figura 4 muestra cómo en pocos días se multiplicaron los contratos de futuros de manera extraordinaria, y el precio futuro del trigo se incrementó un 65% en poco más de un mes. Del mismo modo, el precio spot también. En el resto del mundo había habido buenas cosechas y los stocks eran superiores a cualquiera de los siete años anteriores, por tanto, no faltaba trigo, pero, ante la subida de precios, Rusia cerró las fronteras a la exportación para proteger el abastecimiento interior y con ello abrió la puerta al pánico. Es decir, había trigo, pero se generó el miedo al desabastecimiento, y con ello se había iniciado el círculo vicioso que alimenta una burbuja especulativa, burbuja que con toda seguridad había sido iniciada conscientemente desde grandes fondos de inversión con capacidad financiera suficiente para generar por si mismos una respuesta aguda del mercado y obtener unas ganancias seguras a partir de su posición dominante. Dicho en otras palabras, grandes operadores financieros habían “inventado” la respuesta del mercado y con ello obtenido unas ganancias fabulosas, algo que solo es posible conseguir desde una posición dominante, algo que nada tiene que ver con la fuerzas del mercado libre.

Cuando los contratos de futuros bajaron de volumen, probablemente los primeros compradores ya habían vendido y duplicado la inversión, pero los precios spot continuaron altos, incluso más altos que los futuros. Lógicamente, las tendencias no son infinitas y los precios terminan bajando, a veces de manera brusca, cuando irrumpe de golpe al mercado la mercancía retenida ante la alerta de un cambio de tendencia. Pero esta vez habían afectado al precio del trigo, alimento básico por excelencia, y unos pocos meses después en Tunez y Egipto la población salía a la calle al grito de “pan y libertad”. Es decir, una acción especulativa sobre un alimento básico había sido el detonante de las revoluciones del Norte de África. El aleteo de la mariposa había provocado un huracán y el huracán está resultando devastador.

La especulación en futuros agrícolas no es diferente de la especulación con cualquier activo financiero, pero con una diferencia relevante: se trata de alimentos. Un lujo que no nos podemos permitir. No tiene ningún sentido que el lucro de unos cuantos especuladores ponga en peligro nuestra estabilidad económica y social y tensión así algo tan básico como es el alimento.

Hace muchos años que se conoce el papel distorsionando de la participación de fondos especulativos en los mercados de futuros alimentarios, y en los años 30 ya se legisló al respecto. Pero hecha la ley, hecha la trampa. Los fondos financieros han encontrado mil caminos para sortear las restricciones, ante la pasividad de las autoridades monetarias. Se argumenta que los fondos financieros especulativos aportan liquidez, y que sin estos fondos muchas operaciones no se realizarían. Este es un falso problema. Se trata de que se realicen las operaciones que tienen base económica, sólo éstas. Los mercados de futuros no son un juego y con las cosas de comer no se juega.

Alternativas a la asimetría

La desigual capacidad negociadora entre los distintos eslabones de la cadena alimentaria está propiciando prácticas oligopolistas, con situaciones de claro abuso de posición dominante.  Las respuestas correctoras o moderadoras ante esta realidad podríamos resumirlas en tres tipologías:

En primer lugar las respuestas basadas en la autorregulación y que nacen de la voluntad de consenso.  Forman parte de estas estrategias los códigos de buenas prácticas comerciales[3] que son acuerdos voluntarios entre distintos operadores de la cadena alimentaria con el objetivo de mejorar el funcionamiento de la cadena, la imagen de operadores y producto ante los consumidores e impulsar medidas que puedan beneficiar a todas la partes (promoción de productos, etc). En sentido paralelo las interprofesionales pretenden dar valor a las sinergias posibles entre el conjunto de la cadena alimentaria en aspectos tales como la calidad, la investigación, la información, comercialización, etc.

En segundo lugar las opciones destinadas a dotar de mayor capacidad negociadora a los eslabones más débiles a partir de estrategias tendentes a ganar dimensión, a reforzar las organizaciones de productores, a promover la cooperación.

Finalmente la tercera estrategia está basada en el establecimiento de reglas desde las políticas públicas.  Un ejemplo representativo es el llamado paquete lácteo por el cual se establece la contratación obligatoria de precios para periodos dilatados e indexado a indicadores que recojan las dinámicas de los mercados, por el cual se propicia la agrupación de productores y se desactivan las limitaciones a la contratación colectiva que establece la legislación de defensa de la competencia.

Establecer normas, sin duda, puede generar desajustes, aunque con las actuales herramientas para obtener y gestionar información compleja puede facilitar medidas reequilibradoras más o menos automáticas. Sin embargo, ante unos mercados cautivos de grandes operadores, no tienen sentido argumentaciones basadas en el libre mercado. Por el contrario algunas de las prácticas descritas no son más que opciones desequilibradoras que tienden a reforzar la desigualdad con consecuencias cada vez más visibles y preocupantes. Se trata de un problema de base sistémica que va mucho más allá de los mercados alimentarios. Tal como afirma Thomas Piketty[4] “el sistema de precios tienen un papel crucial en la coordinación de las acciones de millones de individuos, incluso miles de millones de individuos en el marco de la nueva economía global. El problema es que no conoce límites ni moral”. Se trata, por tanto, de establecer estos límites.

Francesc Reguant

Economista, Vicepresidente de la Institución Catalana de Estudios Agrarios (ICEA) y socio de Agroprés

[1] 1FAO, IFAO, IMF, OECD, UNCTAD, WFP, The World Bank, WTO, IFPRI, UN HLTF

(2011), Price volatility in food and agricultural markets: policy responses [en línea], G20 leaders,

Http://www.oecd.org/dataoecd/40/34/48152638.pdf

[2] Con la finalidad de dotar a los mercados de la máxima transparencia, se creó la plataforma informativa sobre los mercados mundiales de alimentos básicos AMIS[2] (Agricultural Market Information System).

[3] A nivel de España se ha formalizado  recientemente el “Código de buenas prácticas mercantiles en la contratación alimentaria” http://www.eumedia.es/portales/files/documentos/codigos%20buenas%20practicas.pdf

[4] PIKETTY, T. (2013) Le capital au XXIe siècle. Editions du Seuil

Anuncis

Una resposta

  1. M’agardat que tinguem un artícle tènic.
    andavant
    JD

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out /  Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out /  Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out /  Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out /  Canvia )

S'està connectant a %s

%d bloggers like this: